Microrrelatos

LA FELICIDAD TIENE REMEDIO

Al salir de casa coincidí en el patio con un vecino que, sonriente, me dio los buenos días y no mencionó nada sobre el tiempo. En la esquina tropecé con un transeúnte y ambos nos disculpamos. Conduciendo hacia el trabajo nadie tocaba el claxon ni zigzagueaba por los carriles; en la incorporación a las rotondas se cedía el paso con toda naturalidad. Los diarios informaban de recientes acuerdos políticos que mejorarían servicios esenciales de la comunidad. En la oficina todos trabajamos intensamente y el jefe nos felicitó por los resultados. De regreso a casa mi mujer me propuso cenar fuera y a la vuelta hicimos el amor con tanta dosis de pasión como de ternura. Sonó el despertador y me sobresalté; estaba sudando. Sin poder superar mi agitación, concerté una nueva cita con mi psicoterapeuta. Dice que si no dejo el tratamiento desaparecerán estas pesadillas.

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