Microrrelatos

COMUNICANDO

No recuerdo por qué discutimos aquella última vez, pero puedo asegurar que jamás volvimos a hablarnos. Compartir la detestable cualidad de un carácter tormentoso quizá explique la enorme dificultad de relacionarnos, hasta hacerlo imposible, pero no el insufrible dolor que provocan el ominoso fracaso y la infinita separación. Merced a un moderno uso social anida en mí la esperanza, no exenta de terrible frustración; aferrado a este vértigo, sobrevivo: desde hace años, desdichados padre e hijo, con espontánea e insólita complicidad intercambiamos, ocasionalmente, “llamadas perdidas”.

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