Microrrelatos

EL TERREMOTO DE HAITÍ

Los foros políticos internacionales eran un hervidero: reuniones, manifestaciones públicas y comisiones de trabajo. Los dirigentes locales lamentaron la desgracia y felicitaron al pueblo por su entereza ante la adversidad. Los líderes mundiales, conmovidos por la magnitud del desastre, mostraron solidaridad y afecto, y prometieron toda la ayuda necesaria. Entre las ruinas, los miles de muertos se vieron imposibilitados, muy a su pesar, de corresponder con lágrimas y aplausos a tanta generosidad, aunque escucharon a todos con muchísima atención y, como muestra de respeto, guardaron un silencio sepulcral. Con tanto empeño ajeno, pronto quedaría reconstruida la nada y normalizada de nuevo la miseria. ¿No es para estar contentos?

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