Microrrelatos

UN TIPO PROFUNDO

Los prejuicios son una cosa muy fea que rechazamos si la practican los demás, aunque lo cierto es que a todos nos influyen las apariencias. Yo mismo he de reconocer que me formé una opinión precipitada de Simplicio Chaparro. Este chico a primera vista puede pasar desapercibido; tras una observación más atenta ves a un fulano vulgar que habla defectuoso, practica botellón con regularidad y no sabe cuándo dejará de vivir con y de sus padres; o sea, es un joven normal. Si lo frecuentas a menudo ya descubres detalles que muestran al verdadero hombre encerrado en ese cuerpecillo; un hombre que coincide con Saint-Exupéry, aunque él no lo sepa, en que lo esencial es invisible a los ojos. De muestra, un botón: por seducir a una chica extraordinaria a la que temía decepcionar y para estar a su altura… se puso alzas en los zapatos, esas en láminas de silicona que van por dentro y no se notan. No tuvo éxito, porque la muchacha era  prejuiciosa en todo.

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