Microrrelatos

ESTÁ CLARO

En la oscuridad de la cripta notó que, debido al lugar y al momento, tenía yo el pernofasto esturreado, y con delectación hemíptera lo pendruscó, extrudiendo el glandorio y tiroleando los boldragos con suma habilidad. Yo le ageraba el blasto batiendo la gólifa metrósicamente. En estado espitósico, ella enjaquetada, muelleándole las flambodias, yo buloneando en su orbifosco, coplositamos. Rascuñando y fustiendo como posesos, nos esgurritábamos sin remedio. Ya en el culmen del espasmodio, desatados en delirio cinemático, nos chorripastramos a un tiempo; y en ese preciso instante vimos el rostro de Dios, y también a sus arcángeles, y vimos al coro celestial con todos sus serafines, que entonaban para nosotros, te lo juro, amigo mío, “we are the champions” a todo pulmón.

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