Microrrelatos

RENCOR

Rencor
Foto de Enrique Tamarit Cerdá

En cuclillas sobre el peñasco desde el que antaño vigilaba el ganado, el cazador escudriña los matorrales. La posición y el relente le han entumecido las piernas y la atenta espera le ha embotado el seso. Adormilado, se ve de crío bajando a trompicones el cerro para contar en casa, entre sollozos, que el hijo del señorito se llegó hasta la tena para robar un lechazo y tiembla a cuenta de los correazos que recibe por descuidado. Se ve también de mozo, ajorrando pinos por jornales de miseria y, ya hombre, emigrando y quebrándose el lomo en trabajos de mierda, junto a la esposa a la que detesta y al hijo que lo detesta a él. Alborea cuando asoma su padre con el almuerzo; se sobresalta y lo encara, enajenado. Se congestiona, le grita, se caga en la puta vida que lo ha tratado como a un perro, se echa la escopeta a la cara y le descerraja dos tiros. Luego le da frío y se arrebuja con las solapas. El charco de sangre alcanza un rodal de setas y le viene su sabor a la memoria.

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2 comentarios sobre “RENCOR

    1. Muchas gracias, La Safor.

      Quizá hay aspectos del pasado que en realidad nunca se han ido. Y, sobre todo, quizá las personas somos incapaces de digerir los distintos planos de la realidad en la que nos movemos cuando entre ellos no hay distancia, o no se mide en años (no solo), sino en kilómetros, en conocimiento, o en peldaños del escalafón social. De esa indigestión y alguno de sus efectos pretendo hablar en este relato.

      Un cordial saludo.

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