Microrrelatos

LA NOVIA EFÍMERA

Foto de Enrique Tamarit Cerdá
Foto de Enrique Tamarit Cerdá

Murió la noche de su boda, de la manera más tonta. En la discoteca apenas si quedaban invitados, unos bailando como autómatas, exhaustos pero renuentes a regresar a sus casas, y otros noqueados por la bebida. Los novios se retiraron a su habitación, sosteniendo por el camino un ambiguo forcejeo de carantoñas y evasivas. Ella se encerró en el cuarto de aseo, se despojó de tules, postizos y tocados, y con los dedos a modo de peine se sacudió enérgicamente la melena suelta; como una tenue granizada, el arroz cubrió las baldosas. Al salir del baño resbaló sobre los granos desparramados y cayó de espaldas. El servicio de habitaciones la encontró con la nuca apoyada en el borde de la bañera, la cabeza tan echada hacia atrás y los ojos tan abiertos, que parecía querer beber al galillo de un grifo que, de todas todas, le quedaba demasiado lejos; como su novio, que hacía rato que se largó con la camarera que les llevaba champán, cortesía de la casa.

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2 comentarios sobre “LA NOVIA EFÍMERA

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