Cuentos

EL REVOLUCIONARIO

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Imagen tomada de “Imágenes de Google”.

En la penumbra del cuarto, tumbado, pienso a menudo que vivimos en el umbral de un cambio de época. El trajín matinal en la pensión, el sonido de la radio y la mezcla de olores, a desinfectante y a puchero, que franquean la maltrecha puerta no me impiden abstraerme.
Recuerdo a Parra Uriarte, brillante orador, como lo eran los dirigentes políticos y sindicales de antaño cuando, siendo yo un joven entusiasta, acudí a sus primeros discursos en el Ateneo. Con tono y ademán didácticos definía la revolución como una transformación social urgente, radical e intransigente. Los presentes dábamos por supuesto que cada una de esas tres condiciones requería su buena dosis de matarile, no digamos las tres juntas, pero él añadía que la revolución no por fuerza ha de ser violenta ni desembocar en un baño de sangre. ¡Qué labia! Directo, convincente, preciso. Detesto a los políticos que divagan y se enredan en una cháchara ininteligible que aturde y desanima. El auditorio poco menos que babeaba, yo el primero.
Un día alguien le espetó que su verborrea era un mero plagio de las teorías de un ilustre fascista, para más inri. Al tipo lo sacamos de inmediato a la calle a rastras y en la puerta mismo lo apaleamos, no porque nos pareciera despectivo lo que dijo, qué sabíamos nosotros y qué más nos daba de dónde venían las verdades, sino por pretender quebrar la esperanza. Eran tiempos de corazones exaltados y alineamientos sin ambigüedades, no podíamos admitir semillas de discordia en una fraternidad de pobres con pedigrí, podríamos decir, no como ahora, que el Ateneo se nos llenó de necesitados sobrevenidos. Puede que esta clase media frustrada nos ayude con su rabia a voltear el carro de inmundicia, pero luego ajustaremos cuentas, porque el bueno de Parra Uriarte, que en paz descanse, ya se equivocó una vez en cuanto a baños de sangre se refiere, según reconoció mientras lo encañonaba. Ahora acaricio el viejo revólver que usé para traicionarlo. Sí, maté a un buen hombre para salvarme cuando todo estaba ya perdido, pero lo convertí en mártir de la causa, sobreviví y podré vengarlo un día. Puede que ese día esté cerca.

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2 comentarios sobre “EL REVOLUCIONARIO

  1. Caramba! que difícil es sobrevivir en esta jungla. Unos porque se acogen a una utópica esperanza como a un clavo ardiendo, otros porque son hierbas malignas que hay que arrancar, si o si, pero, al final, al final del todo, todo transcurre como está previsto. Como siempre me dejas el alma incomoda pero reflexiva. Gracias por compartirlo.

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